Ejemplos del proceso de comunicación

La comunicación es un fenómeno característico de la vida. En todo proceso de comunicación escrita o hablada, verbal o no verbal (circuito comunicacional) existen:

a) emisor o fuente: persona que habla o escribe;
b) mensaje: lo que se dice o escribe;
c) canal: el medio o contacto físico por el circula el mensaje (aire, onda radial o televisada, libro, disco, etc.);
d) receptor: persona que recibe el mensaje.

Cuando una persona habla de viva voz, es el emisor, y el que escucha es el receptor; las palabras que pronuncia constituyen el mensaje, y las ondas sonoras son el canal.
Si se trata de un libro, el autor es el emisor; el lector, el receptor; el contenido del libro es el mensaje y el papel impreso el canal. Son casos similares de comunicación, una obra teatral que se representa ante un auditorio en una sala, una pieza musical, una pintura en una exposición, un diario, una noticia radiotelefónica, un espectáculo de televisión, etc.

El emisor, para expresar su mensaje, lo codifica en palabras, y el receptor, a su turno, lo decodifica, es decir, lo interpreta o descifra. Uno y otro, para codificar o deco-dificar, lo hacen según sus propias experiencias, ideas, opiniones, etc. Esta es la razón por la cual una misma obra literaria es interpretada de distintas formas por los diferentes lectores. El emisor puede conocer el resultado o efecto producido por su mensaje, según sea la respuesta que dé el receptor, y en tal caso, modificar o no su conducta en la próxima emisión. A este proceso se lo denomina retroalimentación (o feed-back en inglés). Esto es lo que normalmente sucede cuando dialogamos: editamos por segunda vez un libro corregido, etc.

Por consiguiente, al hablar o escribir, la lengua empleada es una consecuencia de este fenómeno. Lo ideal es que la lengua tenga en cuenta todas las circunstancias del acto comunicativo: ¿quién habla o escribe? ¿a quién? ¿dónde? ¿cuándo? ¿sobre qué materia? ¿con qué finalidad?

La gente de letras -poetas, novelistas, cuentistas— suelen emplear una lengua literaria, que a veces resulta difícil para quienes no están iniciados en ella (lengua culta). Pero un payador usará una lengua gauchesca (rural).

El hombre común, en cambio, empleará una lengua coloquial en sus conversaciones diarias, pero seguramente recurrirá a la literaria si escribe un cuento.
No es lo mismo la lengua de una poesía que la de una carta. En cierto sentido, puede decirse también, que un mexicano empleará un castellano regional al expresarse, algo distinto del argentino o el boliviano.

Y lo mismo sucede con cada movimiento literario (romanticismo, realismo, etc.), que tiene también su propia lengua literaria.
Esto demuestra que la lengua se adapta en cada caso a las circunstancias sociales, culturales, geográficas y de todo tipo.



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